Fin de semana.
Este fin de semana hemos tenido visita de nuestros amigos La Marchisse y su chico Woody y hemos tenido de todo un poco.

Para empezar el viernes estuvimos en la ópera, en el Palau de Les Arts viendo a Zubin Mehta dirigir Salomé.
Cenamos en El Bodegó de la Sarieta al aire libre, en una noche muy agradable y con un menú de precio interesante y platos muy ricos.
El sábado comimos en casa un arrocito al horno que hace mi chico que está para chuparse los dedos. Por la tarde estuvimos un rato de shopping, y es que nuestra Marchisse siempre tiene en mente futuras compras, bien sean obras de arte, muebles o como en esta ocasión cristalerías. Y es que en su pasado cumpleaños entre todos le regalamos la mitad de una cristalería que ahora tiene que completar.
Al salir de unos conocidos grandes almacenes… quedamos con nuestras amigas La Jolín y su Pedrito, y, oh casualidad que pasaba la cabalgata del orgullo por allí en ese momento.
Aquí algunas instantáneas:

Rita


De allí nos fuimos a cenar al Io, en pleno barrio del Carmen. También estuvo muy agradable porque nos sentaron en una mesa en una plaza peatonal que está en la parte de atrás del local.
Por cierto que pasó algo que hizo que pusiera en evidencia mi radicalidad e intransigencia con algunas personas con actitudes poco cívicas. En un momento dado por uno de los callejones laterales de la plaza apareció en típico “gorrilla” andando hacia atrás y guiando a un coche entre las mesas para que aparara en la plaza. A partir de ahí empezaron los paseos del individuo atrayendo cada vez más coches que iban llenando nuestra tranquila plaza de chatarra, calor, y humo. Mi irasosiá fue subiendo hasta el límite de que ya no estaba ni en la conversación de la mesa. De hecho quería levantarme a increpar al gorrilla y a decirle a los que aparcaban que la grúa iba a venir en nada, también estuve pensando en llamarla yo mismo.
Al cabo de media hora más o menos, cuando en la plaza los coches formaban un Tetris con las mesas, se me apareció el ángel vengador en forma de policía local montado en moto. Sonaron en mi cabeza fanfarrias haendelianas y coros de querubines cuando el poli sacó la libretita rosa y empezó a repartir recetas a todos los coches. Ya pude disfrutar de la sobremesa y de los gintonics que llegaron a continuación.
Acabadas las copas nos fuimos a una plaza cercana donde la Terremoto de Alcorcón acababa su actuación y donde todo el mariconerío de la ciudad y visitantes la abarrotaba. Allí aguantamos poco porque ya era tarde y además estamos desentrenados.
Hoy domingo nos hemos levantado muy tarde y poco más que hemos comido en un italiano y al acabar hemos llevado a nuestros amigos a la estación desde donde partían rumbo a su casa…







Ay, cómo nos gusta el Toblerone…








