
Fin de semana en Turín, acabamos de llegar hace un rato.
Ha sido un detalle de mi Piki, cómo no. Sabe que hay una ópera que me encanta y que no se suele representar, es que es un tanto folletinesca: por eso me encanta y no se suele representar, las dos cosas. Mañana os hablaré de ella y de la historia.
Llegamos el sábado por la mañana, habíamos cogido dos cazadoras finas de verano por si refrescaba por las noches… la verdad es que al aterrizar y ver toda aquella cadena de montañas aún nevadas a los pies de la cual está la ciudad, pensamos que qué bien que nosotros íbamos preparados para el fresco. ¡¡MEEEEC!!, error!.
Hemos pasado más calor que si hubiéramos ido de romería a la Fuensantica en Murcia-que-hermosa-ereh. Hasta por la noche hacía calor y salía fuego del asfalto como cualquier noche de agosto de nuestro verano.
La ciudad me ha encantado, es regia y antigua pero bien conservada, limpia (lo juro!), incluso bien iluminada: nada que ver con Roma, vamos. Tiene un montón de calles porticadas muy bonitas y algunas plazas muy grandes. La gente es amable e incluso encantadora.


El centro está bastante recogido y como tampoco es París, es fácil de visitar las cinco cosas más interesantes.

Palacio Real, y no, no somos nosotros…¿o sí?…
Tiene el río Po que pasa por ella, con sus puentes, sus chiringuitos por la noche en la orilla y su gran cantidad de agua: no hay nada como un buen río grande de aguas corrientes para una ciudad, es de las cosas que echo a faltar aquí en España, y no digamos en Valencia.
Lo de circular es bastante caótico, los coches no respetan los semáforos así que imaginad los pasos de cebra, en cambio si tu cruzabas en rojo siempre oías a alguien que te recriminaba desde la acera que estaba la luz roja.

Nuestro autobús circulando por el tranvía y adelantándolo incluso en línea continua o linea de esas con clavos grandes para evitar el cambio de carril…
Se come de maravilla si te gusta la comida italiana, el primer día comí el mejor plato de espaguetis de toda mi vida, y eso que sólo llevaba tomates y albahaca. Los horarios sin ser los de España son aceptables, nos dieron de cenar pasadas las once la noche al salir de la ópera sin ningún problema.

Si os gusta el café corto pedid un café, así, sólo café. Si pides un ristretto como mi chico te traen esto, que es el poso que me dejo yo cuando tomo café: muy bueno, eso sí.
Otra cosa que nos llamó la atención es la gran cantidad de tiendas que hay, sobre todo las de moda que dejando a un lado las marcas (que están todas, sorprendente para una ciudad de ese tamaño) están muy bien montadas y con cosas bonitas y de calidad. Se lleva el morado, y vimos a muchos chicos con su polo morado haciendo juego eso sí, con gafas o zapatos e incluso con ambos.
Los chicos se dividen en dos categorías a parte de la “normal” como aquí: los modernos y los horteras. La verdad es que no vi demasiados modernos de esos italianos a la última, aunque ya he dicho que los había bastante conjuntados. Luego los horteras, son más o menos como nuestros canis, pelos de punta, cadenas, gafas antiguas modernas de pasta blanca y sobre todo cejas depiladas hasta el ridículo. Igualito que estos nuestros:

Respecto a los gays no lo sé: todo el mundo lo parecía…
En resumen, lo hemos pasado muy bien, hemos sudado ríos (Po) y me ha encantado Turín que me ha sacado la espinita de Roma que no me gustó NADA. Creo que lo único negativo es el que no hubiera aire acondicionado en casi ningún sitio, y menos en los tranvías, por lo demás una ciudad ideal para un viaje de fin de semana.

Podría ser italiano…