
Después de más de un año y medio sin vecinos, acaban de colonizar la casa de al lado.
Pues sí, desde que los vecinos de la derecha se pelearon rompiendo ella toda la vajilla sobre el suelo de la cocina después de una brutal escena de gritos y lloros; después de que la policía secreta me sorprendiera en la terraza de la buhardilla solicitando mi permiso para un asalto a la casa de la izquierda: acaban de llegar hace unas semanas nuevos vecinos a la casa de la derecha, con la que compartimos terraza de cocina y ventanas interiores.
No podía ser normal que viviéramos en perfecto silencio como cuando vivíamos en la mansión, al fin y al cabo allí teníamos más de dos mil metros de parcela que nos separaban de los escasos vecinos, y aquí estamos en un grupo de casas adosadas muy familiares y a ras de calle. Pero la suerte hizo que la plaza sea sin tráfico rodado y sin garrulos en los bancos, y que unos vecinos se divorciaran y los otros salieran por patas porque eran traficantes de drogan escondidos.
Así que lo nuestro era un paraíso en un adosado.

Han llegado los nuevos.:
Un padre con obesidad que eructa cada dos por tres y ronca como un cerdo.
Una madre gritona y abnegada que se pasa el día guisando.
Una tía con la mirada perdida a la que llamamos la loca.
Una niña adolescente a la que no oímos nunca.
Un niño adolescente al que oímos continuamente, sobre todo a su moto petazeta.
Una niña pequeña (unos 7) que se pasa el día llorando, gritando o jugando en la calle, cuando no las tres cosas a la vez.
Algunos detalles para que os hagáis a la idea: no conocen el timbre de casa, se llaman desde la calle a voces. Los dos coches viejos están aparcados en la plaza (donde está prohibido) porque el garaje, donde caben tres coches (3) está abarrotado de trastos. En una semana ya hemos oído tres peleas grandes, una de ellas con la madre llorando y marchándose de casa para siempre: en las otras dos estaba ella otra vez… Cuando están en la cocina con la tele puesta no podemos encender la nuestra porque no la oímos. El niño llega a las tantas de la madrugada, se para bajo la ventana con la moto en marcha y habla con el móvil durante unos minutos de interminables petazetas de la moto, después para el motor y se va a dormir. Por eso, lo de que escuche a Camela y similares a todo trapo casi se lo perdono.

Pensaba llevarles unas magdalenas en plan Bree Van de Kamp como bienvenida pero creo que no serían bien recibidas: extracto de coversación:
- Niña de siete años: “¿y entonces mi hermano qué?”
-Padre: “¡TU HERMANO QUE SE COMA UNA PUTA MIERDA, EL HIJO DE PUTA, QUE ES UN HIJO DE LA GRAN PUTA!”
Nosotros alucinados.